«Pásele, pásele, llévele, llévele.»
Es la letanía eterna de los vendedores gazpacheros, esos maestros fruteros que habitan y respiran las calles del centro de nuestra ciudad. La Cerrada de San Agustín, aquel mítico callejón dominado por peatones y negocios milenarios es su hogar. Habitan a la sombra del original, La Merced, pero no se quedan atrás, su legado se extiende a generaciones atrás. Preparan manjares divinos, fruta picada, con chile «¿del que pica o del que no pica?», queso y salsas al gusto, un platillo robado de los patrones españoles.
Álvaro Sandoval y la familia Cortés fundaron sus negocios allá en el lejano año del 1947. Letanía tras letanía, generaciones enteras han venido, comido y disfrutado del sencillo coctél de frutas. Los letreros que anuncian sus respectivos negocios contrarios también parecen de la época, dispuesto a conservar el legado que los ha mantenido en pie. El sabor es dulce, la fruta, madura y el jugo fresco al calor veraniego de la ciudad de la cantera.
El único que nos recibió con afectuosidad fue Álvaro, hijo. De suave voz, pero ardiente pasión por sus clientes, nos relató su historia y sus experiencias tras el mostrador de la pequeña Gazpachería que su padre fundó en 1947. Reconocida a nivel internacional, visitada tanto por revistas extranjeras como por periódicos locales, a ricos ha servido, pero a nosotros los pobres, también. Nos llevó hasta adentro, a mostrarnos los periódicos amarillentos donde se muestra la historia de su negocio y su gusto máximo, satisfacer a sus clientes.
A escasos cinco metros, cruzando la calle, se vive una guerra fría. El patriarca de los Cortés se erige como el fundador de Gaspachos Hidalgo, un negocio grande que sirve a morelianos y extranjeros desde el año 1950. Diez metros más allá, del mismo lado del Callejón: Gaspachos La Cerrada clama mantener el espíritu verdadero del gaspacho. Ambos negocios se hallan enfrascados en una guerra fría, familiares peleados en disputas desconocidas que los ha vuelto competidores acérrimos. Nos fue difícil recibir comentarios, más que nada porque los dueños estaban ausentes, pero fuimos sorprendidos con la invitación que se les hizo a poner un negocio en el extranjero, a lo cual la respuesta fue negativa. Todo con el propósito de seguir sirviendo fruta aquí en la tierra que vio nacer al gazpacho, Morelia.